Poemas de Cervantes

En la sepultura de don Quijote 


Aquí yace el caballero,
bien molido y mal andante,
a quien llevó Rocinante
por uno y otro sendero.
Sancho Panza el majadero
yace también junto a él,
escudero el más fïel
que vio el trato de escudero.


Canción del enamorado portugués

Mar sesgo, viento largo, estrella clara,
camino, aunque no usado, alegre y cierto,
al hermoso, al seguro, al capaz puerto
llevan la nave vuestra, única y rara.

En Scilas ni en Caribdis no repara,
ni en peligro que el mar tenga encubierto,
siguiendo su derrota al descubierto,
que limpia honestidad su curso para.

Con todo, si os faltare la esperanza
de llegar a este puerto, no por eso
giréis las velas, que será simpleza.

Que es enemigo amor de la mudanza
y nunca tuvo próspero suceso
el que no se quilata en la firmeza.


Busco en la muerte la vida

Busco en la muerte la vida,
salud en la enfermedad,
en la prisión libertad,
en lo cerrado salida
y en el traidor lealtad.
Pero mi suerte, de quien
jamás espero algún bien,
con el cielo ha estatuido,
que, pues lo imposible pido,
lo posible aún no me den.


¡Oh venturosa, levantada pluma!…

¡Oh venturosa, levantada pluma
que en la empresa más alta te ocupaste
que el mundo pudo, y al fin mostraste
al recibo y al gasto igual la suma!,

calle de hoy más el escritor de Numa,
que nadie llegará donde llegaste,
pues en tan raros versos celebraste
tan raro capitán, virtud tan summa.

¡Dichoso el celebrado, y quien celebra,
y no menos dichoso todo el suelo,
que tanto bien goza en esta historia,

en quien envidia o tiempo no harán quiebra;
antes hará con justo celo el cielo
eterna más que el tiempo su memoria!


Octava real

Todas cuantas bien dadas alabanzas
diste a raros ingenios, oh Gil Polo,
tú las mereces solo y las alcanzas
tú las alcanzas y mereces solo:
ten ciertas y seguras esperanzas,
que en este valle un nuevo mauseolo
te harán estos pastores, do guardadas
tus cenizas serán y celebradas.


A Dulcinea del Toboso

¡Oh, quién tuviera, hermosa Dulcinea,
por más comodidad y más reposo,
a Miraflores puesto en el Toboso,
y trocara sus Londres con tu aldea!

¡Oh, quién de tus deseos y librea
alma y cuerpo adornara, y del famoso
caballero que hiciste venturoso
mirara alguna desigual pelea!

¡Oh, quién tan castamente se escapara
del señor Amadís como tú hiciste
del comedido hidalgo don Quijote!

Que así envidiada fuera, y no envidiara,
y fuera alegre el tiempo que fue triste,
y gozara los gustos sin escotes.


Yo soy

Suele la indignación componer versos,
pero si el indignado es algún tonto,
ellos tendrán su todo de perversos.
De mí yo no sé más, sino que pronto
me hallé para decir en tercia rima
lo que no dijo el desterrado a Ponto.
Y así le dije a Delio: «No se estima,
señor, del vulgo vano el que te sigue
y al árbol sacro del laurel se arrima.
»La envidia y la ignorancia le persigue
y así, envidiado siempre y perseguido,
el bien que espera por jamás consigue.
»Yo corté con mi ingenio aquel vestido
con que al mundo la hermosa Galatea
salió para librarse del olvido.
»Soy por quien La confusa, nada fea,
pareció en los teatros admirable
(si esto a su fama es justo se le crea).
»Yo con estilo en parte razonable
he compuesto comedias, que en su tiempo
tuvieron de lo grave y de lo afable.
»Yo he dado en Don Quijote pasatiempo
al pecho melancólico y mohíno,
en cualquiera sazón, en todo tiempo.
»Yo he abierto en mis Novelas un camino,
por do la lengua castellana puede
mostrar con propiedad un desatino.
»Yo soy aquel que en la invención excede
a muchos y al que falta en esta parte,
es fuerza que su fama falta quede.
»Desde mis tiernos años amé el arte
dulce de la agradable poesía,
y en ella procuré siempre agradarte.
»Nunca voló la pluma humilde mía
por la región satírica, bajeza
que a infames premios y desgracias guía.
»Yo el soneto compuse que así empieza,
por honra principal de mis escritos:
“¡Voto a Dios, que me espanta esta grandeza!”.
»Yo he compuesto romances infinitos,
y el de Los celos es aquel que estimo,
entre otros, que los tengo por malditos.
»Por esto me congojo y me lastimo
de verme solo en pie, sin que se aplique
árbol que me conceda algún arrimo.
»Yo estoy, cual decir suelen, puesto a pique
para dar a la estampa al gran Persiles,
con que mi nombre y obras multiplique.
»Yo, en pensamientos castos y sutiles,
dispuestos en sonetos de a docena,
he honrado tres sujetos fregoniles.
»También al par de Filis mi Silena
resonó por las selvas, que escucharon
más de una y otra alegre cantilena,
»y en dulces varias rimas se llevaron
mis esperanzas los ligeros vientos,
que en ellos y en la arena se sembraron.
»Tuve, tengo y tendré los pensamientos
(merced al cielo que a tal bien me inclina)
de toda adulación libres y exentos.
»Nunca pongo los pies por do camina
la mentira, la fraude y el engaño,
de la santa virtud total ruina.
»Con mi corta fortuna no me ensaño,
aunque por verme en pie como me veo
y en tal lugar, pondero así mi daño.
»Con poco me contento, aunque deseo
mucho».

Ya que del ciego dios habéis cantado…

Ya que del ciego dios habéis cantado
el bien y el mal, la dulce fuerza y arte,
en la primera y la segunda parte,
donde está de amor el todo señalado,

ahora, con aliento descansado
y con nueva virtud que en vos reparte
el cielo, nos cantáis del duro Marte
las fieras armas y el valor sobrado.

Nuevos ricos mineros se descubren
de vuestro ingenio en la famosa mina
que al más alto deseo satisfacen;

y, con dar menos de lo más que encubren,
a este menos lo que es más se inclina
del bien que Apolo y que Minerva hacen.


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